dimarts, 26 de juny de 2018

Francia deja de financiar todos los medicamentos para la Enfermedad de Alzheimer






El que la administración sanitaria pública de Francia haya decidido dejar de financiar todos los medicamentos "específicos" para la Enfermedad de Alzheimer a partir del uno de agosto de 2018 es sin duda una primerísima noticia, de gran impacto médico, social y económico.
Esta medida ya la estuvo reclamando anualmente desde hace cuatro años la prestigiosa revista francesa de farmacología Prescrire a través de su ya famosa “lista negra”, o simplemente lista de medicamentos a evitar que se encuentran comercializados y generalmente financiados por los sistemas públicos por su relación beneficio-riesgo desfavorable.
Los argumentos para solicitar su retirada eran el enorme costo económico, los importantes efectos secundarios de algunos de los medicamentos implicados y la mínima o nula eficacia demostrada de todos ellos. El argumento quizás de mayor peso es que su uso no ha sido capaz de demostrar retraso en la progresión hacia la dependencia de los pacientes que los reciben (algunos incluso por vía sublingual cuando ya apenas pueden tragar). En conjunto, una carga excesiva para un sistema público que debe velar por la eficiencia. 
No suele ser fácil conseguir datos en detalle de consumo de medicamentos a cargo del sistema público de salud. No obstante el boletín de Farmacovigilancia n. 89 de Dirección General de Farmacia de nuestra Comunitat Valenciana de 2013, en un monográfico dedicado a los medicamentos para la demencia, en el que por cierto participaron varios miembros de este Grup, indicaba que su consumo en 2012 fue de 7,2 DHD (donepezilo, rivastigmina, galantamina y memantina), que supuso un coste de más de 34 millones de euros para las arcas públicas valencianas. Estos datos trasladados al conjunto del sistema público estatal nos dan una idea de su enorme trascendencia económica.




Tras esta medida, que esperamos que pronto sea imitada por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad Español, comienza a ser el momento de centrar de nuevo la atención a la demencia en los aspectos sociales y en las ayudas a la dependencia, dejando a la medicina un poco de lado.
Puede que para muchas familias y para muchos médicos esta medida resulte desconcertante y descorazonadora, y que algunos la interpreten como un recorte sanitario más, en la reducción progresiva del estado de bienestar, pero tal como ya se ha comentado más arriba nada de ello es cierto, y nuestro deber será de ahora en adelante explicar a todos la realidad y aceptarla. Puede que en el futuro aparezcan nuevos tratamientos realmente eficaces, pero de momento hay lo que hay.
Puede también que para algunos neurólogos aceptar la actual realidad sea duro, al pensar que no se tiene nada o casi nada que ofrecer, pero estamos convencidos de que otros respirarán aliviados al quitarse de encima el tener que representar la ceremonia de las falsas esperanzas y expectativas.
No obstante, el que empecemos a pensar en la demencia, en especial la Enfermedad de Alzheimer, como un territorio parcialmente libre de medicamentos, no implica la abstención médica, ni que se demore el diagnóstico de la demencia o del deterioro cognitivo en general. En este sentido, un apreciado colega neurólogo tuvo la paciencia de tener durante unas semanas a unos de los firmantes de esta entrada en su consulta de demencias, y fue capaz de convencernos de la necesidad del diagnóstico precoz, al margen de la medicación, por las siguientes razones:
-Cese de la búsqueda de otras causas
-Ayudar a las familias a entender y a aceptar
-Realizar planes financieros y legales mientra se es competente
-Planificar estilos de vida para el paciente y familiares
-Inducir mejores adherencias al tratamiento de otros procesos médicos
-Adoptar medidas preventivas para evitar lesiones (en la conducción, en el hogar,…)
-Posibilidad de acceder antes a planes sanitarios comunitarios

Es el momento de que las asociaciones de profesionales, junto con las asociaciones de enfermos de Alzheimer reclamen a la administración destinar todo el dinero que se va ahorrar en estos medicamentos en incrementar directamente las partidas económicas dedicadas a las ayudas a la  dependencia.
En definitiva, la retirada de los medicamentos específicos para la demencia supone el fin de una falacia médica más, un símbolo de la actual medicalización de la vida aprovechada por diferentes intereses (industriales, profesionales y sociales).
Seguro que ésta no será la única falacia en caer, y estamos convencido de que en el futuro nos espera la caída de la falacia de la Vitamina-D, de los tratamientos para la osteoporosis, y seguramente también el tratamiento del colesterol en prevención primaria.
De ahora en adelante nos enfrentaremos a una medicina más simple y ligera, o quizás no. El tiempo dirá.

*Más información sobre esta noticia en el Blog el Borinot-Quid-Pro-Quo:
PD: Para acabar de completar el panorama sobre lo complejo de la relación entre medicamentos y demencia, aconsejamos leer, a los que aún no lo hayan hecho, la entrada anterior de nuestro blog sobre carga anticolinérgica por medicamentos y riesgo demencia.

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